albión de Victoria Mallorga

albión es el primer libro de poemas de la joven poeta peruana Victoria Mallorga (Lima, 1995). Victoria es literata de la Pontificia Universidad Católica del Perú y miembro del colectivo verboser. Ha publicado poemas y artículos en revistas diversas. Con este libro Alastor da inicio a «Esplendor en la hierba», colección dedicada a la publicación de primeros libros de poesía. La acuarela de la cubierta es obra de la artista Sandra Estela.

Algunos poemas del libro:

Algunos comentarios sobre el libro:

Álvaro Jasaui Chero:
«Este libro es el producto de años de trabajo poético, y no era necesario decirlo para que ustedes lo reconocieran en cada uno de sus encuentros particulares con albión. El poemario está constituido por la cantidad exacta de versos para pintar la imagen sensorial que cada poema busca transmitir. La exuberancia no se encuentra en el uso lingüístico, sino más bien en la fuerza emotiva de cada imagen: albión se desborda en la cantidad de sentidos que produce, pues nos confronta no con conceptos o idearios duros, sino con la propia experiencia del sentir. Paradójicamente, mediante un manejo consciente y pormenorizado del lenguaje, albión nos sumerge en una dulce, aunque desgarradora, vorágine prelingüística, en donde cada sensación experimentada carece de nombre, exponiéndonos, por tanto, a confrontarla sin etiquetas que disminuyan su potencia. Todo esto, por supuesto, es difícil de afirmar no solo sobre una ópera prima, sino sobre cualquier poemario. A diferencia de otros buenos poetas, cuyas primeras publicaciones han sido ensayos o anticipos de una futura gran obra, Victoria nos ofrece, desde su primera publicación, una obra –parafraseando a Hinostroza– de una gran solidez, resistente al paso de los años».

Texto leído en la presentación de albión en la Feria de Editoriales Peruanas La Independiente, el 27 de abril de 2019 en el Ministerio de Cultura: https://texaohablador.wordpress.com/2019/04/29/presentacion-de-albion-alastor-2019-de-victoria-mallorga/

 

Valeria Román Marroquín

«En ese sentido, debo comenzar diciendo que albión de Victoria Mallorga es un libro que denota un largo proceso de corrección, y sobre todo, un libro que ha sido trabajado en torno a consolidar una organicidad en su estructura. No voy a decir “circularidad”, porque más allá de que este adjetivo ha sido utilizado desmedida e indiscriminadamente por la crítica, sino porque la propuesta conceptual del propio libro no permite una propia circularidad. Me explico: la propuesta de albión, pienso reside en tres cuestiones bastante interesantes; en primer lugar, encuentro una conciencia cosmopolita, una voz cuasi universal sobre el discurrir de las cosas, una voz que se impone al acceder a la realidad –esto se condice y contrasta con la presencia de elementos y referencias a lo mítico, a lo mágico–, desterrada de toda especificidad (no hay referencias claras al mundo material de la propia autora); en segundo lugar, la propia conciencia cosmopolita, se ubica en el marco de lo que pareciera ser un viaje, lo curioso de este marco, es que no encontramos en principio “un punto de partida” y “un punto de llegada”, sino está solamente la experiencia del viaje mismo. Es una secuencia lineal hacia lo más profundo de la conciencia, hacia el centro de la propia experiencia amorosa y todo lo que implica ello, pero que no termina necesariamente, que no encuentra ese centro accesible a través del poema, lo cual al final de libro se siente como pérdida, no como un “final”, en el sentido literal de la palabra. Esta sensación se reafirma porque a lo largo del poemario, el mundo propio de éste se extiende sin límite propio, lo que señala que la lógica interna de este libro está orientada a la expansión (los recuerdos, de los paisajes, de las imágenes inundan todo, van conjugándose como raíces en crecimiento), y la propia organicidad que he señalado al principio de mi comentario respalda esta “expansión” de forma armoniosa.

En tercer lugar –y personalmente puedo decir que es lo que más he disfrutado de contemplar en este poemario– está el amor. El amor es uno de los temas más caros para el ser humano. Ahí asistimos al hecho trascendental de que la cultura consiste, en buena medida, en un cúmulo de historias que involucran pasiones, violencias, uniones, sufrimientos, heroicidades y abatimientos, en nombre del amor. Lacan decía que amar es “Dar lo que no se tiene”, pues amar es mostrarse en falta, revelar que algo quiere alcanzarse en el otro. Es por esto que el amor involucra a la castración, y amar es un poco experimentar esa falta, esa castración. Definitivamente albión no aborda específicamente la cuestión de la castración de manera específica, sino más bien aborda –en todo momento, de forma activa o pasiva– la construcción del sujeto y su subjetividad, su conciencia de sí mismo y de todo lo que le rodea, a partir del Otro. A lo largo del libro, el sujeto aparece en medida de la presencia del Otro, y la voz de este poemario es consciente de esa dependencia a través de la experiencia del amor, e ineludiblemente, no puede escapar de aquella falta de sí mismo, no puede avanzar sobre su propia reafirmación sin la existencia de ese Otro que pueda suplir aquella falta. Por eso, es importante notar que finalmente no estamos frente a una especie de Oda al amor, al amar y al amante. Es irrelevante en realidad quién ocupa el papel del amante, lo que no es irrelevante es la existencia propia del amante, de quien puede actuar de espejo para que la voz que sostiene este poemario pueda constituir sus recuerdos, su sensibilidad y su reflexión sobre lo sagrado (ampliamente presente) y lo cotidiano (presente de manera poco perceptible, pero presente). Y creo también que esa es la tragedia que encontramos en el libro, una tragedia que no se resuelve ni se supera. En estos tres aspectos, es que encuentro a albión un debut poético bastante interesante, tal vez entre los pocos que podemos presenciar.

 

Cayre Alfaro Fonseca

El lugar en el poema y la escritura eco amigable
(Notas a albión de Victoria Mallorga)

  1. La contratapa de la primera edición de albión es un poema del libro. Este no es un dato menor al tener en cuenta que la edición de un primer libro suele apelar al comentario de un escritor consagrado, a manera de respaldo, o a la afirmación anónima –hecha por el editor o, peor aún, por el autor– de que el escritor joven que están por leer es el futuro de la escritura nacional, a manera de mentira.

Vuelvo al poema que aparece en la contratapa:

oleaje

soy, por tanto, la marea creciente

aunque no sea este mi puerto 

y no exista como antes al borde de su boca
 
los minutos luz de mi ausencia se reproducen sin huella en las orillas
 
si tengo que decir adiós,
que sea breve
que sea frío
que llore el agobio de arrastrar el mar conmigo

El poema tiene ocho versos, cincuenta y cinco palabras. Y da pista de cómo se desarrolla la escritura en los treinta poemas que componen el libro: sin pretensión de largas composiciones ni versos recargados. En un panorama local que tiende a la escritura de narrativa autorreferencial que pide contarlo todo o a los poemas adolescentes plagados de referencias pop, albión opta por lo que llamo escritura “eco amigable”. La escritura “eco amigable”, consciente de la sobrepoblación de palabras que vivimos hoy, en pleno siglo XXI, en lugar de llenar las páginas en blanco, las vacía. Desocupa la página de palabras, en lugar de saturar la página con palabras. 

  1. La observación banal que hago cada vez que leo albión es el ritmo binario marcado por una “y” como constante del libro. Por ejemplo, en el primer poema del volumen aparece el verso “para alguien sin garras y talones de rapaz”, y en el último esta constante aparece dos veces, ahora fragmentada por la “y” que comienza el siguiente verso el cual, a su vez, también se parte en otro para terminar la estrofa a la que pertenece. Primero: “el bermellón me rasga el vientre / y en la caída / la nostalgia que corrompe mi sangre exhala”. Segundo: “su sombra muta / y mientras mis manos dibujan mi cuerpo / su peso se insinúa en mis sábanas”.

Hay una consciencia, además, de la imposibilidad de comunicar, de comunicarnos. En «sahara eterno», fragmentado poema en prosa, se lee: “hay una historia, que no te cuento, donde nos escondemos en la ducha antes de ser borrados y tu boca no vuelve a nombrarme. los nombres se pierden en el aire”. En otro poema se encuentran los versos: “en verbo / niegas la acción de la existencia / no hay palabra que lo contenga / solo el silencio”.

En albión hay una armonía temática y técnica de un sujeto que se fragmenta, que se parte, en la escritura y desde la escritura. Una escritura que da cuenta de una sensibilidad de un yo y un otro, de un yo y no un nosotros.

  1. Mi apunte número cero es un error. Culpo a mi falta de conocimiento de geografía en el sentido más básico. Yo sé que Victoria comenzó a escribir ‘albión’ en Alemania, en el tiempo que estuvo de intercambio en la Universidad de Bonn. Pensé, entonces, que albión era un lugar de Alemania.

Me llamó la atención recordar otros libros de interés publicados en lo que va de la década por personas también nacidas en Perú que llevan como título ciudades de Europa: Berlín de Victoria Guerrero y Amsterdam de Gustavo Lobatón. Y agradecí no conocer los poemarios locales ‘Lima’ o ‘Arequipa’. Luego busqué, sin suerte, libros publicados en Europa que lleven de título nombres de ciudades peruanas. Pensé, además, en parafrasear un verso de Mario Montalbetti y preguntar: ¿por qué hay poemas peruanos en lugar de no haber poemas peruanos? Luego busqué en Google albión y, gracias a Wikipedia, di cuenta de mi error. No es una ciudad de Alemania. De todas formas, es interesante pensar que hoy, en pleno siglo XXI, ya no hay una carga local de ser poeta peruano o escribir poemas nacionales. Parece que la escritura en Perú ya no siente la necesidad de comprometerse con un lugar fijo, estático. Es interesante pensar en una escritura comprometida en sí misma, que transita a través de ella, con mayor libertad. En ese sentido, albión es un libro sin nacionalidad evidente. Mejor así.

  1. albión da la sensación de tránsito, de traslado, de un lugar a otro. Da pistas de arranque: la primera sección del libro se llama previas al aterrizaje y la última acabose. Pero, consciente de eso, también juega con la ambigüedad. El título del primer poema, «sala de espera», da pie a la mencionada idea de tránsito, de traslado, es decir, de viaje de un lugar a otro, entendiendo lugar desde el sentido más básico de geografía. Pero luego, a lo largo de los treinta poemas del libro, no se hace referencia explícita a ninguna ciudad. Menciona una vez Santiago, es cierto, pero con sutileza para dejar en duda si se refiere a la ciudad de Chile o a un sujeto de nombre Santiago. Hay que entender, entonces, el lugar como un lugar más amplio. Un lugar de sensibilidad y de tiempo.

No basta ser explícito en la escritura. No basta ser explícito en el poema. No basta decir tristeza para transmitir la sensación de tristeza. No basta decir siglo XXI para trasladarnos a este tiempo (tampoco usar links, memes o GIFS). No basta decir “sede de partido político”, “palacio de Gobierno”, “cárcel” para dar cuenta de un período. albión no es un libro explícito. Es, como en el caso del término Santiago, un libro de sutileza, de ambigüedad, de guiños.

Por otro lado, pero en la misma dirección, albión dialoga con un lector en el amplio sentido de la palabra. No es un libro divertido para gente graciosa, ni un libro hermético para intelectuales o sad para sentimentales. Por ejemplo, hay guiños para lectores que gustan de sobre interpretar la escritura. Es posible encontrar diálogos con la denominada tradición peruana: los personajes como en Eguren, las referencias astrológicas como en Hinostroza, y encontrar algún vínculo con Eielson o con Varela. También hay juegos intertextuales fuera de la tradición peruana. Victoria construye una tradición personal que incluye a Anne Carson, Safo y Alan Moore. Pero la interpretación es infinita y yo finito. Lo que intento decir es que albión, como todos los poemas que valen la pena, es un no-lugar.

 

Julia Wong

Sobre albión de Victoria Mallorga

Nuestro respetado Roman Jakobson, se hubiera decidido por agregar a sus estudios multidisciplinarios la función “extra lúdica y luminosa” del Lenguaje, con bonus track, si en aquellos días de defensa acérrima de estructuralismo y conectividad, Victoria Mallorga le hubiese dado a leer albión.

Hace mucho tiempo que un poemario con versos de novedosa combinación, iluminados con nombres propios provenientes de la mitología, llámese Silena; casi acuarelados por la maleabilidad de las imágenes (utilicé mis escasos pero apasionados conocimientos sobre  plástica y pintura mientras leía albión), lograba renovarme a través de su lectura. La intención pictórica de Victoria misma nos compele a leer su poesía con el auxilio de colores como si todo fuera un cuadro, un lienzo, un mural, un trabajo de pinceles. Otra asociación instantánea de la lectura de albión, fue recordar  y renovar mi ojo maravillado por Piktor’s Verwandlungen ese fabuloso, legendario e inmortal manual creacionista de Herman Hesse. Justamente el nombre Piktor es una derivación de Viktor a Piktor por su obvia inclinación a la plástica haciendo del poeta un pintor y viceversa. Aunque Victoria Mallorga no ha usado tintes, ni lápices, sí le ha puesto una carga colorativa predominante a sus versos, situándolos sobre una tremenda superficie colocada en un loft bañado por la luna.

Me tocó auxiliarme de varias imágenes para interpretar lo que se estaba definiendo en este poemario. Pienso en una tela en la habitación más alta de un edificio de varios pisos. La imagen de la artista creando un universo nuevo con matices lingüísticos apropiados a fuerza de experimentación sistemática y consciente, sin necesidad de bajar mucho la cabeza ante sus maestros, se coronaba con una apropiación del lenguaje que entrelaza lo que en pintura se llama “naïf”, sumada a obvios rasgos impresionistas, además con una fortaleza fundacional al estilo de Victoria (por no decir victoriano). Recordemos que fue la Reina Victoria quien modernizó por fin la Inglaterra agraria y rural y la elevó con enorme salto cualitativo hacia la industrialización. Eso me lleva a asociar la capacidad de albión de entramar lo humano con lo político en busca de la utopía o la maravilla.

He dividido mi pequeña lectura en tres partes para tratar de compensar la versatilidad y fuerza de imágenes y conexiones que su poesía provoca.

1.- La fonética. Los sonidos en albión me recuerdan y evocan una propensión a una versatilidad juvenil, primaveral. Para Victoria hasta la noción de muerte tiene más que ver con transformación hacia algo nuevo que con el límite último, menos la desesperación. «Una pequeña corona para tu cabeza de paja», la palabra pequeña cambia todo lo que podría ser una expresión de desacuerdo con el paisaje.

Tenemos una voz que quiere mostrarnos cuan inteligente es su semántica al usar palabras con sonidos que nos regresan a la infancia y a la vez nos saquen del falso lugar moral. “última llamada para volver a casa”. Victoria no está ni desarraigada, ni exasperada, ni perdida desde su seguridad como observadora, sabe que ella es dueña del lienzo, del espacio y del sonido.

En tierra árida, otra vez, nos demuestra cuánto importan los fonemas, la concordancia y la cadencia . Eso es lo que me remontó casi de forma automática a las primeras lecturas de Jakobson, donde el maestro nos dice que la fonética en la poética es esencial. Es lo que dominará las imágenes. Tierra árida, lo confirma… terminar la primera palabra con una vocal fuerte y entonar la próxima con un acento, nos demuestra que Victoria escuchaba Babyshambles antes de organizar los sonidos para albión, hay una música obligada que nos acompaña a recorrer este panorama que Victoria irá pintando para nosotros. La voz poética es bastante mal intencionada, porque nos atrapa con resonancias novedosas y atractivas, (pero a la vez evocadoras) como los títulos de los poemas, «r», «xxx-llámame», «trotapiel», «Ø», «cuerposamados», «alhambra», «chicas en el techo» (nótese el juego con la ch), «acabose», «homínimo», casi nos convence de que aquí entramos a otro país donde las reglas de juego no tienen nada que ver con lo esperado. Todo un repertorio de nuevos sonidos, signos, y en esta ecuación diametralmente ecuménica: colores nuevos.

2.-Sobre la naturaleza y sus referentes.
Hay varios poemas en albión: «júpiter», «cuervos en altura», «sahara eterno», «oleaje, lunática», «medusa» y «alhambra» que invitan a una lectura totalmente distinta de los que traté previamente y tuvieron efecto por sus fonemas o sus juegos verbales provocando nuevos sonidos.

En los poemas que acabo de mencionar, sugieren por antonomasia remontarse a la teoría naturalista de Zola, que nunca pasa de moda por su inefable apropiación de la ciencia y la naturaleza que siempre pretende explicar con objetividad lo que el alma no logra nombrar. Y a la organización del vacío lacaniana que busca llegar a lo Real a través de nombrar el artificio o  el producto artístico desde la belleza.

En estos poemas con nombres de astros, animales, fenómenos naturales o construcciones arquitectónicas con referencias religiosas, converge la necesidad de acercarse al punto místico de estos objetos, hace que la voz poética taladre el fondo del poema, para buscar la sinrazón del nombre natural cosificado al extremo que la lectura nos provoque pensar, qué tiene Júpiter que ver con el  deseo, con venus y la distancia. Por qué se relacionan los cuervos, con los sarcófagos, con una escatología de sí mismo para entrar en la mecánica del ser amado. O por qué el Sahara es la cúspide del vacío. Asociaciones difundidas que podrían llamarse conocidas o comunes, pero que en la poética de Victoria cobran una belleza y exactitud crecientes.

Todos estos poemas con nombres que invocan geografía, astros o elementos que pueden verse o tocarse, logran que la poesía se objetive a través de sentimientos mucho más corporales, en una dimensión alquimista diferente de los otros que evocaban de por sí sentimientos desconocidos o  sólo sonidos. Diríamos que Victoria, quiere demostrarnos que no se trata sólo del jueguito con el que queríamos convencer al buen Jakobson de que ella sabe inventar símbolos , como «trotapiel» y «cuerposamados», y por lo tanto, situaciones verbales   vanguardistas que ella misma deviene en signo, sino que reinventa la tradición de los espacios y la naturaleza, como en «oleaje» y «lunática» para reinventar el placer o lo que creemos que hemos comprendido por esos elementos imperecederos que saltan de la metáfora fácil para ser completamente recreados en una reorganización del significado, expresando algo que sólo la refundación de su albión, su reino y su imperio pueden convocar.

3.-Y por último la mística ”techera“ de quien funda un reino dentro de una pepa de manzana.

El yo  poético de Mallorga, se ha decidido por fundar su nuevo gobierno, y esto será donde menos se espera, con personajes que pueden venir de otras mitologías, pero que en el nuevo dominio, sólo se les permitirá actuar de la mano de su titiritera, en un techo o un puerto robado a otro barco. Lo novedoso de la fundación de albión, más allá de mi premisa de que  Victoria estaba pecando de exceso por demasiadas horas en Netflix, viendo “Game of Thrones“, o alguna saga fácil donde hobbits y princesas voladoras se enamoran de eunucos enardecidos, es que albión es un salto lingüístico de enorme belleza.

Se suman, las consonancias de los versos, a las diagramaciones naturales con el afecto estético de un erotismo suave y conmovedor, un romanticismo hacia su propia capacidad de mirar junto a una sabiduría ecléctica, entre arte de la palabra, visiones mediáticas e información de productos culturales que simbolizan un filtro donde subyace una clara revancha a lo común para refundar lo auténtico y sagrado, el amor puro, el renacimiento de la luna y la eternidad de su terca belleza.

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