Lo irreal intacto en lo real devastado de Luz Ascárate

Lo irreal intacto en lo real devastado, primera publicación poética de Luz Ascárate (Callao, 1989), es el primer título de nuestra colección de poesía en edición digital “Fuera de los confines”.

Se trata de un breve poemario de once poemas divididos en dos secciones que reflejan la angustia y la desolación, pero también el amor y la esperanza, que nacen en hombres y mujeres en medio de la precariedad, muerte y devastación que suponen una pandemia global y sus efectos sobre el alma humana. El título Lo irreal intacto en lo real devastado proviene de una fragmento del poema «Rémanence» del poeta francés René Char. La imagen de la cubierta es del artista francés Olivier Villemot.

Luz Ascárate (Callao, 1989). Es docente de la universidad París I Panthéon-Sorbonne y está calificada a las funciones de maître de conférences en filosofía en la campaña 2020 del CNU de Francia. Es doctora en “Filosofía y ciencias sociales” por la PUCP (Lima) y la EHESS (París), bajo la modalidad “cotutela”, con una tesis sobre los conceptos de imaginación y emancipación en la filosofía de Paul Ricoeur. Realiza actualmente una tesis en ontología fenomenológica en la universidad París I Panthéon-Sorbonne. Ha publicado poemas y artículos académicos en revistas diversas, así como contribuciones en libros colectivos. Sus publicaciones se sitúan en la intersección de la fenomenología hermenéutica y de la filosofía social.

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Algunos poemas del libro:

Algunos comentarios sobre el libro:

Palabras de presentación de Lo irreal intacto en lo real devastado de Luz Ascárate

Por: Ethel Barja

Este libro es un testimonio de la capacidad de la poesía de convivir y confrontar la gravedad de la situación que vivimos. Decir que el título del libro demanda una configuración binaria, donde lo intocado habita la región de lo irreal en contraposición a la destrucción donde se haya lo real sería desacertado. Lo irreal y lo real conviven, lo irreal irriga subterráneamente lo real, está en sus venas y sabe de las pérdidas y del desamparo de su territorio que nos remite a la presente crisis viral. Luz nos conduce a la región de las contradicciones aparentes, de la simbiosis de opuestos que como deja ver el extracto que toma de René Char, refleja uno de los motivos más enraizados en la tradición poética: el tempus fugit, la fugacidad de la vida que es contemplada y padecida de antemano, recordada, reproducida y desafiada en la palabra poética como advertencia.

El paso del tiempo y la voracidad de los hechos que se develan en el libro son también signo para entender por qué un manuscrito que no es el primero que escribe la autora, es publicado primero: Este es un poemario de urgencia. Hay en la observación de quien hace poesía un momento insoslayable de inflexión, un momento en que se detiene irremediablemente para luego compartir sus hallazgos. Luz Ascárate comparte generosamente esta experiencia, en un momento en que las condiciones mismas del compartir se redefinen. En la primera parte, “La devastación”, el descubrimiento de lo prioritario, tiene su correlato en el examen del aquí y ahora. El umbral de la atmósfera del libro será reconocer desde la invocación de la voz de Blanca Varela que la reacción ante la realidad puede ser un gran bostezo. Es decir, la realidad es un mundo desencantado, y más propiamente, lo es porque se le enmarca desde una mirada sin voluntad para el homenaje, porque debe realizar una tarea más apremiante.

Se homenajea lo que se contempla, se contempla lo que pace en su quietud, pero el ánimo de la poeta confronta el remezón de un desastre. Se pregunta en el primer poema si ella está preparada, y  la voz poética responde afirmativamente. Ella tiene experiencias más allá de lo que puede acontecer, conoce, por ejemplo, lo irreal traído por la sabiduría de su abuela, un conocimiento genealógico, donde lo irreal que atemoriza o alimenta, se presenta en la mirada mitológica de la Pachamama, entidad dadora, lo irreal también está en las advertencias del peligro del pishtako. La antigua y vital presencia de lo irreal ha viajado con su abuela como con aquellos que dejaron su tierra natal huyendo de otras devastaciones como la guerra y el hambre. Se trata de una constante de la historia, del aguijón centrífugo que se repite.

La realidad que la poeta nos presenta es una entidad móvil que desfigura su superficie, por eso toma la imagen de los llamados “caminantes”, que emprendieron el regreso a su lugar de origen durante la actual pandemia en el Perú. La autora inscribe una imagen compleja con espesor histórico que supera el mero hecho anecdótico para darle una dimensión simbólica de resonancias dolorosas, como muestra el poema “Éxodo”, donde el trasfondo mítico judeocristiano se entreteje con las migraciones del Ande a la costa peruana que José María Arguedas cantó en “A nuestro padre creador Túpac Amaru”, que interviene en fragmentos a través de la lengua quechua, que es la huella ancestral en el oído migrante. El yo advierte diversas rutas emprendidas, incluso para la voz que en Europa es una caminante más.  La pregunta constante por el motivo del éxodo, no hace sino recordar que la partida es forzosa, como si su causa navegara los ríos interiores de la corteza terrestre, como se observa en “Latencia”: “El enemigo está adentro” (14), dice el sujeto, y planea su resistencia: “Preciso es recuperar / lo que permanece, / estar atento” (14).

Este carácter vigilante implica explorar la propiedad ocular, mirar y proyectar una mirada, como quien observa un cuadro sobre la devastación, situación similar a la que permea la carne de la poeta, hasta que sucede el momento en que atrapa la pulsación del acontecer diario en una imagen como la del cuadro de Nicolas Poussin (1594-1665). El reflexivo yo frente al cuadro sugiere la figura de quien no ejecuta su pieza simplemente, sino que analiza su método, como en “Peregrinas” versos como “Una mujer huye de la guerra caminando, / hacia el sur. / ¿Cómo hablar de ontología en LASA 2020?” (17), inquieren sobre la dimensión ética de la tarea de la intelectual y la poeta, ya que recuerda la aguda reflexión Vallejiana del poema “Un hombre pasa con un pan al hombro”: “Un albañil cae de un techo, muere y ya no almuerza. / ¿Innovar, luego, el tropo, la metáfora?”. Ante estas interrogantes, el libro sugiere que las actividades intelectuales y creadoras se respaldan en la esperanza. Con esa última palabra abre la segunda sección “Lo intacto”, que es región de bienes intangibles, en palabras del poeta Jorge Eduardo Eielson, región “del absoluto amor”.

Aunque la experiencia del mundo haya sido perturbada por la pandemia convirtiéndola en fracciones virulentas, mero síntoma de la catástrofe.  La visión se hace más precisa, la situación actual plantea otra forma de experiencia: “¿Y si solo la catástrofe / podría acercar nuestros espíritus / a los cuerpos, en sus formas / más protuberantes?” (22), se pregunta el yo en “Re-colección”. Como buena fenomenóloga, la autora presta atención a la relación del sujeto con el mundo, al sujeto con su cuerpo y al sujeto con sus congéneres. La experiencia actual empuja al yo a pensarse en otras mujeres como las caminantes, las enfermeras, las prostitutas, esta voz es entonces una y diversa, como una fuerza magnética que cohesiona los fragmentos de la que es dice, recordando a Simon de Beauvoir “la mujer rota” (23).

El poema “Movimiento” retoma nuevamente la idea del sujeto frente al mundo devastado, que se entregó a la poeta como milagro arrasado pero no por eso menos extraordinario. La vena filosófica brilla en este poema, donde se nombran las propiedades negativas en una reconversión que alumbrará las piezas de la realidad devastada desde otro ángulo: “Realizar el milagro / significa anular cada uno de los órganos / en un movimiento / explosivo y constante” (25), como si lo intacto, lo completo y compacto fuera una mera sombra de lo posible, cuyas misteriosas potencialidades están más allá del ensamblaje orgánico, pues lo intacto aprenderá a habitar lo desmembrado. Este poema redime con singular fuerza al cuerpo enfermo para señalarlo como fuente de experiencia en sentido pleno. Por extrapolación, Lo irreal intacto en lo real devastado muestra el intento imposible por comprender la resignificación de la experiencia, que aunque virulenta, se presenta como ráfaga que sacude al yo y lo fuerza a imaginar y crear un aparato poético para comprenderla.

En el poema “La aparición de Santa Francisca Romana”, se recuerda que la caridad y la gracia han sido recurrentes en las devastaciones. Estas nociones cristianas que intersectan con la Pachamama, imagen de la abundancia que no abandona, porque yace en la misma naturaleza que es parte del propio sujeto. El poema refleja una fe ancestral en la esperanza que se reafirma formalmente en la textura de lengua quechua en esta y otras instancias del libro a través de citas, como la que hace referencia al poeta contemporáneo peruano Fredy Roncalla. El bilingüismo remarca que la conexión con una espiritualidad ancestral indica poder volver “al centro que va girando por todas partes” (28). Es decir, en relación a un eje con el cual el yo se reapropia de su experiencia, que viene a ser lo intacto que se sobrepone más allá de la muerte. El yo intuye lo intacto parcialmente, porque avanza “de espaldas” (29), pero que la lucidez del ángel de la historia benjaminiano,“Angelus novus”, le hace ver a través de sus ojos enigmáticos que a pesar de la devastación hay sobrevivientes, una sobrevida de diamantes de una dureza imperceptible pero cierta, como un “asteroide de amor” (30), terrible y poderoso, como esas ausencias, cuya fuerza imponen su presencia. La última palabra del notable libro de Luz Ascárate refleja la claridad de ese asteroide enamorado, que se sobrepone al desastre para abrazarse a la esperanza.

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