Travesía invertebrada / Rambling Journey de Ethel Barja

Travesía invertebrada / Rambling Journey es el cuarto libro de poemas de la poeta peruana Ethel Barja Cuyutupa (Huanchar, 1988), actualmente radicada en Estados Unidos. Se publica en edición bilingüe, con traducción de David Silverberg y la autora, prólogo del poeta Roger Santiváñez y acompañado del conjunto de poemas Wandeo. Es el sexto título de nuestra colección de poesía «Las musas inquietantes».

Ethel Barja es autora de los libros Trofeo imaginado entre dientes (2011), Gravitaciones (2013), Insomnio vocal (2016) y Travesía invertebrada (2019) por el que recibió el Premio Cartografía Poética 2019 (Perú) organizado por Lumpérica Cartonera. Su escritura ha sido incluida en Voces al norte de la cordillera: Antología de voces andinas en los Estados Unidos (2016) y en las revistas Hostos Review, Los Bárbaros (EE.UU.), Stadtsprachen Magazin, Madera, alba.lateinamerika lesen (Alemania), Lucerna (Perú) entre otras. Es licenciada en Lingüística y Literatura por la Pontificia Universidad Católica del Perú y maestra en Literatura Hispánica por la Universidad de Illinois en Chicago. Actualmente, vive en Providence (EE.UU.), donde estudia un doctorado en Estudios Hispánicos en la Universidad Brown.  Ver más en http://www.ethelbarja.com

Algunos poemas del libro:

Algunos comentarios sobre el libro:

Roger Santiváñez
«En resumidas cuentas es posible afirmar que esta Travesía invertebrada coloca a su autora como una de las más expectantes voces en el concierto de la poesía hispanoamericana de hoy. Porque quien es en verdad poeta no tiene espacio ni lugar sino dentro de sí mismo. Como dice Ethel Barja en el último poema de su brillante libro: “Ante la promesa de nuevos vientos, / alguien espera bajo su piel, / porque ya no le queda techo”. Pero sí le queda la poesía.»

Silvia Goldman
«¿Cómo viaja una palabra?, ¿se monta sobre sí misma y se hace andar? “El sol, carbón sin tiempo”, nos dice la voz poética al comienzo de este libro, como si con ese circunloquio nos dijera: “he aquí la exquisita labor del sustantivo, su promesa efervescente, devenir de la espina dorsal de esta Travesía invertebrada, seguido de Wandeo”. Porque si aquí el poema es un viaje, un recorrido que marca una temporalidad y construye su materia y su memoria, también es un lugar de repentinos hallazgos donde puede venir o crecer una palabra. Y en este camino de aliteradas cópulas y poses de larguísimo aliento (“nata nutritiva”, “indomable tumulto”, “negro enjambre / que no me deja dormir”), las palabras se extienden para poder viajar por su largura, para acarrear la voz que las surca y susurra en una suerte de danza sonora que las lleva a lugares. El poema, parece decirnos Barja, es una forma de decir “viaje” y viajar; es lo que acontece cuando la lengua se mueve. Por eso, en el Wandeo que le sigue a esta Travesía, el castellano sale a pasear, se encuentra con el inglés y se mete adentro de su sangre. A veces parece como si el verso se elevara para respirar a cierta altura, para identificar el cuerpo de las palabras; otras se encabalga como esa “luminosa incertidumbre / que divide la tarde en un tajo”, como para repetir el vaivén de lo que se dice sobre lo que se quiere decir, la duda de la dicha sobre “el nido negro del día” donde, entre escombros y restos, devenimos privilegiados testigos de su clara y filosa contrarquitectura. Que haga esto la poesía: que se mueva y nos mueva.»

Victor Vich
Travesía invertebrada. Nuevo poemario de Ethel Barja
¿Es posible “despertar del mutismo de las cosas”? ¿Es posible evadir el peso de la noche, la “niebla que devora el espacio”? ¿Son realmente vanas todas las estrategias que proponemos, o imaginamos, para maniobrar con los abismos de la vida y la dimensión cruel de su condición? ¿Por qué hoy el tiempo que respira en los cuerpos “abraza siempre un borde incompleto”?

El libro de Ethel Barja es fino para detectar un conjunto de antagonismos que impiden que la subjetividad pueda desplegarse con fertilidad y que, más bien, siempre terminan por enroscarla en un laberinto sin fin. Los primeros versos dicen lo siguiente: “Hemisferios enfermos aparecieron en cada fruto y manchas violáceas se expandieron en los brazos”. Estas marcas establecen la pauta del libro y dejan constancia de la permanente emergencia de un conjunto de contrariedades y límites.

No son, sin embargo, estos antagonismos ni los avatares del propio viaje (descritos en 28 días) los tópicos centrales del libro. Lo es, sobre todo, una sensación de desorientación que aparece figurada tanto como una condición existencial y como una determinación externa. El tema es importante porque la desorientación es una de las características más importantes de todas las que  hoy definen nuestra época. Hoy, en efecto, vivimos sin modelos que nos guíen, sin proyectos claros en los que tengamos confianza, sin una imagen de futuro. En estos tiempos nuestra vida transcurre en el puro presente; es incapaz de reinventar alguna herencia del pasado y se muestra casi sin ninguna capacidad para construir un futuro nuevo más allá de la simple inmediatez.

El título del libro, travesía invertebrada, apunta también a ello: este es un viaje sin estructura, sin armazón, sin un plan, un viaje que parece movilizarse a través de diversos canales que no se conectan entre ellos y que no sabemos si verdaderamente son capaces de articularse con algo nuevo. Desde este punto de vista, un viaje invertebrado no parece un viaje. Este, e enefcto, parece ser un viaje estático o, más bien, un tipo de parálisis que se figura como un viaje. “Todo se reduce a sentarse diariamente/ a la espera de la luz en su trapecio”.

Recordemos que el crítico de arte Boris Groys ha señalado que nuestra época es muy diferente a las anteriores. Par él, nunca antes la humanidad estuvo tan interesada en su propia contemporaneidad. La edad media se preocupaba por la eternidad, el renacimiento por el pasado y la modernidad por el futuro. Solo nuestra época, liberal y posmoderna, parece estar interesada –fundamentalmente– en sí misma. Esto sin embargo, no significa que la época pueda describirse correctamente y se conozca a sí misma. Muchos pensadores subrayan que, por el contrario, que la desorientación marca además nuestro presente. Esta, como sabemos, es una época pragmática y mercantilista que ya no quiere hacerse más preguntas, que ha optado por desentenderse de todo lo conquistado en el pasado (los derechos laborales, por ejemplo) y que desprecia toda idea compleja que afirme algo diferente a lo que existe. Como bien decía Mariátegui, esta es una época incapaz de generar un mito. Esta es una época que solo apunta al no-acontecimiento, a la pura reproducción de lo existente.

La palabra sobre la palabra
Inútil leer el cielo, el subsuelo
el ojo del insecto
(Día 25)

Sin embargo, el libro da cuenta de los muchos los intentos por buscar orientación, por intentar fijarse en algo, por establecer una marca que perdure, pero el problema es que el resultado parece ser siempre el mismo: todo termina siendo vano e inútil. El sujeto suele caer preso de sus decisiones, de sus condicionamientos y de su propia fatalidad.

No aprendimos a girar la madeja
Nuestras hebras viciadas
jamás hicieron redes
Solo teníamos sopor y espanto
en las extrañas líneas de la vida
en la conspiración de sus trazos
(Día 3)

Por eso, y con firmeza, el libro insiste en que hoy vivimos bajo “el pulso dormido de la memoria”. Subraya que ya no sabemos cómo levantar columnas nuevas, cómo regar las raíces y, peor aún, que hemos olvidado donde escondimos las plegarias. Escritos todos con un verso elegante, directo, pero altamente simbólico, los poemas se suceden en una dura travesía donde “Algo se busca/ para buscarse se contradice…algo se busca/para buscarse se precipita y duda”.

En un contexto donde solo observamos este presente “agazapado en su quejido perpetuo”; en este momento negro figurado como un “enjambre que no nos deja dormir”, bajo este presente lleno de “ráfagas de furia” (por haber perdido algo que nos oriente y nos proporcione sentido), estos poemas insisten en las preguntas, y en la heridas, pero además tienen el coraje de afirmar otra cosa bajo el terco “susurro del todavía”. “Aun creo en las puertas secretas”, dice un verso con dignidad. Este es un libro notable. Situada ante el terrible “peso de las horas oscuras”, la escritura poética en  el Perú insiste en afirmarse como un silencioso resto que no deja de brillar.

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